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CROTOXINA
 
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CROTOXINA, INSTITUTO SIN SUCURSALES
EL Instituto previamente tiene una entrevista con el paciente, quien debe presentarse con toda su historia clínica, si el paciente no puede movilizarse lo hará un familiar cercano llevando el material de estudio.
El Instituto no tiene sucursales, solo un edificio en Capital Federal.
Si el paciente vive en el interior, debe remitir todos los estudios que le han hecho.
La historia clínica es evaluada por una comisión o médico Jefe.
Luego sigue una evaluación de un médico de seguimiento del Instituto, quien determinará la cantidad de dosis de CROTOXINA, (una toxina con actividad antitumora), que será suministrada al paciente. Este mismo médico hará los controles futuros.

Los frascos con las dosis de crotoxina solo son suministrados por el Instituto, no se venden en farmacias, ni pueden ser preparados por laboratorios privados.
Cuando el paciente está internado, los familiares suelen comentar a los profesionales médicos la intención de comenzar un tratamiento de crotoxina; es decir, aplicar dentro de la Clínica, Sanatorio u Hospital algo irregular como medicamento lo que es toda una falta grave.
Generalmente, no se niega esta posibilidad mientras no se suspenda el tratamiento clínico indicado.
Pero, los médicos oncológicos interiormente saben que todo lo relacionado con la crotoxina es un engaño. Cuando aceptan, es porque saben que las dosis que se le aplicarán a sus pacientes no dañaran o interrumpirán el tratamiento y es una aliciente psicológico tanto para el paciente que padece cáncer como para los familiares que sufren por su ser querido.
COMO INICIA TODO.
A mediados de 1986 distintos diarios comenzaron a informar sobre un descubrimiento sensacional, se trataba de una sustancia extraída de propio veneno de víboras de cascabel (venenos ofidicos como crotoxina, bothropina, elapidin ya se usaban para artritis, artrosis y otros males).

Los artículos mostraban comentarios de pacientes que recibían dosis regulares de crotoxina que, no solo se recuperaban, sino habían abandonado los agresivos tratamientos de radioterapia y quimioterapia.
Se dejaban reportear, daban sus nombres y apellidos y hablaban maravillas de un medicamento que les había cambiado la vida.
A los periodistas se les comentaba una primera experiencia de 83 casos de enfermos curados con éxito tratados con crotoxina. A los pocas horas los teléfonos del Instituto colapsaron, cientos de llamados pedían un turno para iniciar tratamiento con la droga salvadora.

Un poco presionados por los laboratorios, otro poco por la comunidad medica, el Ministerio de Salud Pública armó una rápida comisión de médicos oncólogos para evaluar la situación.
La investigación arrojaba cosas curiosas: pacientes que eran tratados por cáncer cuando en realidad "no lo tenían", pacientes que habían mejorado por tratamientos convencionales y "después" tomaron la crotoxina, y una extraordinaria cantidad de datos falsos, arreglados o modificados.
Las conclusiones de la comisión fueron terminantes, nada justificaba en ninguna caso que el medicamento o específico de nombre crotoxina fuera efectivo para el cáncer. El Ministro Argentino de aquel momento Conrado Stonrani prohibe el uso de la droga en octubre de 1986. Y saca solicitadas aclaratorias en los más importantes diarios de la Argentina.
Pero, el aliento de esperanza de vida en los pacientes de cáncer se había encendido, y pronto nació un curioso "mercado negro de la crotoxina", todos aseguraban vender la legítima, los precios comenzaron a ser impagables.
Al mismo momento que se acusaba al Gobierno de encubrir resultados secretos obligados por las presiones de los Grandes Laboratorios.

En 1995 el conocido neurocirujano Dr. Raúl Matera, asume como secretario de Ciencia y Tecnología en épocas del Menemismo, y reflota el tema que continuará su sucesor Domingo Liotta, quien anuncia la continuación oficial del experimento.
Ahora la crotoxina en el mercado negro era cara, y muchos vendían frascos con agua destilada y colorantes.
Para las pruebas oficiales se eligieron dos hospitales el General San Martín de Paraná y el Hospital de Vicente López. Por primera vez se realizaba una experimentación bajo todos los controles del protocolo científico.
Se eligieron 25 pacientes terminales entre los 18 y 60 años de edad que se prestaron voluntariamente a la experiencia.
Cada uno recibía el tratamiento convencional y ahora en sus cuerpos probaban la milagrosa droga. Los 25 pacientes siguieron la misma trayectoria esperada de decaimiento y fallecieron.
El Instituto siguió funcionando, actualmente ofrece su servicio indicando que la crotoxina fue mal probada y experimentada por la presión de los laboratorios. Ofrecen una impactante pagina por Internet, refrenada por un largo listado de profesionales médicos que se ganan la vida trabajando allí y un halo de garantía de funcionamiento protegido por un Equipo de Investigadores del Protocolo Fosfolipasa A2 Crotoxina
Disp. 2461 aprobada por la AMMAT - Ministerio de Salud.
Lo cual legaliza todo y a otra cosa.

No se sabe que resultados comprobables tiene este equipo privado del Instituto, que puedan ser corroborados en forma Oficial.
Como es de suponer, nada significativo.
Oficialmente se siguen haciendo comprobaciones en forma esporádica por cuerda separada, todas negativas.
Los venenos ofídicos con crotoxina, bothropina y elapidina, atacan compuestos químicos y reacciones claves en los organismos animales y por extensión y similitud también en los humanos. En la composición de estos anavenenos permanece inalterable una enzima conocida como fosfolipasa A2 (PLA2) que parece ser la adjudicataria de la actividad antitumoral. Los resultados se observaron en distintos estudios científicos realizados últimamente en células tumorales en los cuales se comprobó que los venenos ofídicos aumentan la actividad de los macrófagos y tienen su efecto antitumoral, tanto con crotoxina como con bothropina, según trabajos publicados en la revista Toxicon 2001en melanomas, y por su efecto antitumoral en J. Venom.Anim.Toxins ,1996, ambos de San Pablo, Brasil.

El Instituto asegura que los pacientes tratados con crotoxina retroceden el grado de peligrosidad de su enfermedad o producen mejorías.
Pero nunca ofrecen pruebas que puedan ser comprobadas oficialmente. Tampoco nunca un paciente que fuera medicado con crotoxina dijo haberse curado. De ocurrir eso sería titular en los diarios y el Instituto vería colapsar sus teléfono.

La crotoxina es un buen negocio, provoca mejorías propias de aquellos que “creen en los beneficios de su cura”, pero es un efecto corto y engañoso, porque para vencer el cáncer no basta con creer que algo cura, ¡lamentablemente!.
El Ministerio de Salud aquí produce un curioso silencio, tapado por la burocracia del protocolo de leyes y reglas que todo enmascaran o hacen legal.
Medicar crotoxina no es una mala praxis, porque el medicamento no hace daño, y los pacientes aceptan de voluntad seguir ese tratamiento y no otro. Y quienes lo controlan son facultativos siguiendo todos los protocolos científicos.
No solo muchos han fallecido en el marco de una vacía esperanza tomando crotoxina, sino que muchas de esas personas podrían haberse curado con tratamientos convencionales o extendido la vida un largo tiempo.
Lo unico que deja la crotoxina son familiares llorando. De eso sí, los registros están llenos.
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